jueves, 3 de octubre de 2013

Los billetes rotos de la República Argentina


Muy rotos.
No sé muy bien si era porque estaba muy sensible (la noche anterior estaba muriéndome en mi propio vómito gracias a la comida del avión), o porque, en mi papel de observador, lo encontré como un detalle sumamente divertido, pero de verdad que me sorprendió escuchar a mis argentinos compañeros de vuelo aplaudir cuando el avión aterrizó. Vamos, no es que haya sido el aterrizaje más complicado de la historia (a mi me pareció bastante normalito) ni que hubieran sido todos niños emocionados que asistían a su primer vuelo, pero debo decir que sí me dejó un tanto confundido el notar que señoras, señores, viejitos y jóvenes por igual le dedicaban al piloto y copiloto una senda carretada de aplausos por cumplir con su labor. Bienvenido a la Argentina, me dije.

¿Con este calor? Con razón no vendes nada, che.
Y si ese detalle quizá pueda parecerles insignificante, querido lector, la verdad fue justamente el inicio del enfrentamiento que yo, como nacido en la muy noble Ciudad de México, tuvo con la cultura Argentina y, en particular, con la muy curiosa forma de ser del porteño bonaerense. La cuestión de los aplausos ni por asomo fue un hecho aislado: minutos más tarde, cuando nos enfrentábamos a una fila interminable que separaba nuestra libertad con el paso aduanal, una vez más, todos los argentinos presentes comenzaron a presionar a los trabajadores a base de estrellar sus palmas. Y esa forma de ser se repetiría en peleas entre automóviles, mientras veían la televisión, cuando tomaban mate sentados en alguna banca, en partidos de futbol (obvio) y, como pude apreciar con más calma, en conciertos musicales de toda índole.

Cuando se ven este tipo de manifestaciones uno entiende varias cosas: en México y varias partes de Latinoamérica a los argentinos los persigue una fama de escandalosos y presumidos (mamones, diríamos por acá) y creo que todo tiene una razón de ser. Los buenos argentinos tienden a expresar lo que sienten de una forma muy explosiva, que no deja lugar a dudas. Y les gusta que la gente vea que están expresándose, al grado de que suelen ser muy desinhibidos a la hora de hablar y, sobre todo, de reclamar. Al fin pude entender el porqué de los cacerolazos o por qué jamás dejan de cantar y armar desmadre en un estadio. También, en defensa de la República Argentina, debo decir que no son los que viven allá los mamones, creo que por lo general son los argentinos que salen del país los que le dan su mala fama.

Dulces sueños.
Buenos Aires es una ciudad que expresa a la perfección la forma de ser del bonaerense. A diferencia de nosotros, que vivimos (a la buena o a la mala) muy atados a nuestro doble pasado indígena/español, los argentinos viven la vida como si ellos no hubieran tenido ese trauma de infancia que fue la conquista y eso les quita bastantes inhibiciones. Además, viven con la impresión que son más europeos que americanos. La verdad no los culpo, el hecho de estar tan hasta abajo en el mapa los ha hecho tratar de expandir sus horizontes de alguna manera y eso se nota en sus calles y en su arquitectura. Sus edificios, principalmente los del centro, tienen un estilo propio que realmente te hace viajar en el tiempo. No muy altos, pero si lo suficientemente grandes para sentir la sombra a los dos lados de las calles estrechas y adoquinadas.

Caminar por Buenos Aires es una experiencia que me gustó. La ciudad no es tan grande, así que uno puede invertir todo el día para vagar sin rumbo y ver qué se encuentra. Caminar por Corrientes, o por la Avenida de Mayo, por 9 de Julio y sentarse a descansar viendo el Obelisco, o caminar por Costanera y dejarse llevar por el olor del choripán. Ver las famosas casas multicolores de la Boca y escuchar los tangos al fondo mientras se veo las increíbles cosas que se venden en San Telmo. Tomar fotos y recordar todos los pasajes literarios que la ciudad tiene. Por todos lados uno se acuerda de Borges, de Cortazar, de Sábato, de todos aquellos argentinos que han escrito sobre su ciudad. De pronto estar en la plaza San Martín y recordar alguna cosa que pasó por allí. O quedar encantado con los gatos del cementerio de la Recoleta y admirando sus tumbas, tratando de evitar a toda costa a los fanáticos de Evita.

Árbol/Estatua en San Martín
Uno también no puede dejar las mañas adquiridas y entrar a cada librería o museo que uno se encuentre. Mención especial merece El ateneo Grand Splendid, ese viejo teatro convertido en librería que tiene además la muy sana costumbre de cerrar hasta la medianoche (de madrugada en eventos especiales). Quizá mi trauma más grande fue que las grandes librerías de antiguo estaban cerradas por culpa de los días de asueto, pero aun así pude aumentar mi colección con varias cosas traídas desde allá. 

Casual
Buenos Aires es de esos lugares que uno necesita visitar más de una vez. No sé si regrese algún día, pero me encantaría responder un par de inquietudes que me quedaron. Mi aventura por allá casi termina en tragedia (me confundí de aeropuerto y tuve que recorrer de lado a lado la ciudad para alcanzar el avión) pero me llevo bastantes recuerdos y memorias agradables. Y sí, jamás dejará de intrigarme por qué los argentinos usan billetes tan remendados y rotos que parece que de un soplo terminarán por deshacerse. Eso sí no lo entiendo, ¡che!

jueves, 12 de septiembre de 2013

Recapitulando

La bitácora de vida quedo silenciada desde hace mucho. Y eso que hubo un viaje bastante largo e intenso a Sudamérica, un par de visitas a Puebla y otros lugares que se me escapan.

Quizá tenga la culpa un poco la bola de sentimientos que han cruzado por mí desde meses atrás. Hay algunas marcas que se niegan a desaparecer del todo, otras que me afectaron muy fuertemente. Pero dentro de todo ese paquete también hay alegrías, y muy grandes. Algunas han sido efímeras pero lo suficientemente grandes para permitirme salir adelante.

Estoy en lo que en inglés le llaman writer’s block. Es cierto, no he podido escribir y lo poco que he escrito me ha costado un poco de trabajo. Pero creo que es consecuencia de algo más profundo. Podría decir que estoy en una especie de bloqueo de vida.

Tengo planes, tengo esperanzas, tengo suficientes porqués para salir adelante. El problema no es ni el futuro, y afortunadamente, ni el pasado. Creo que el problema es el presente.

Tengo muchas razones por las cuales me gustaría acortar tanto tiempo y distancias. Llegar a un punto donde nuevamente puedan coincidir ambas cosas. Pero esas dos medidas están algo alejadas por ahora. Eso es quizá lo que hace de mi presente una situación algo desesperante. El tiempo avanza lento y la vida no se ha encargado de ponerme nuevas cosas por delante en estos momentos.

Cierto, hay aun algunos viajes en lo que resta del año y principalmente el segundo viaje a Los Ángeles en lo que va del año para ver a Pearl Jam. Pero si me preguntan, justo en este momento, estoy un tanto cuanto triste y desolado.

Espero pronto cambie y pueda darle vuelta a la página. Pero, por el momento, sigo un tanto cuanto atorado y tanto mi vida como mi escritura está en un momento de revolución del cual no sé muy bien cómo sacármelo de encima.

Como el final de esta canción, vaya.


martes, 27 de agosto de 2013

No Code desmenuzado


Podría repasar una vez más todo lo que sentía en esos días de agosto de 1996. He escuchado tantas veces este álbum y lo he interpretado de tantas formas que ya es parte esencial de mí. Ya he hablado mucho de él, así que ahora quiero que hable él y relatarles lo que yo he sacado de cada canción. No pretendo ni por mucho decir que es la única verdad y la única interpretación de las canciones. Pero es MI interpretación, y sólo quiero compartirla.

"Like a book amongst the many on a shelf..."
Sometimes es el inicio perfecto del viaje. Da la introspección necesaria para comenzar a desmenuzar nuestra alma. Ese pequeño rosario de "a veces" que repetimos para tratar de encontrar algo, para escuchar a Dios. No con el ánimo de encontrar una respuesta, sino porque somos capaces de ser más y llegar tan lejos como a lo divino.

"Are we going to the same place? if so, can i come?"
Hail Hail siempre se me hizo un canto desesperado de amor. Es el reconocer que quizá no buscamos lo mismo o cada quien tiene un plan diferente en la vida, pero que a pesar de todo se puede llegar al mismo objetivo. Es un saludo a los enamorados, una petición para poder ser el uno de otra persona, que también es una en sí misma, lo suficientemente importante como para reconocer que no siempre podemos merecer a esa persona.

"Take me a for a ride before we leave..."
Who you are fue el primer golpe que recibimos de No Code. El más extraño y poco bien recibido de todos los sencillos que ha lanzado el grupo, y no es para menos. Desde el primer día que la escuche en la radio se ha convertido en una especie de mantra, que aleja las vibras negativas y me envuelve, creando el ambiente propicio para elevarme. El trabajo de Irons y Ament llevando el climax del final se me hace de lo más sublime que ha realizado la banda.

"I'm so light the wind he shakes,  i'm so high the sky i scrape"
In my tree es la consecuencia lógica de Who you are, su complemento. Una vez que estamos dispuestos a meditar, nos subimos al árbol para poder analizar nuestra vida y nuestros actos desde allí arriba. Es la invitación para atrevernos a examinarnos en soledad, donde solo esta uno mismo y nadie más. Es darse cuenta que no sabemos nada, que nos falta tanto por conocer y que necesitamos alzarnos más allá de lo ínfimo de nuestra existencia.

“I miss you already yeah...I miss you all day...  This is how I feel”
Smile es de las canciones más sencillas que uno pueda imaginar. Y sin embargo, es para mí la mejor canción hecha por Pearl Jam en toda su carrera. La conjunción de la melodía, los instrumentos, el sentimiento de la letra y la voz, la armónica que marca justamente el "cómo nos sentimos". El preguntarnos si nos hace sonreír una y otra vez hasta explotar en un "I miss you already" que sintetiza todas las cosas. Inevitablemente te hace imaginar a todos aquellos que te han hecho sonreír en tu vida y que ya no están. Te hace reflexionar sobre a cuantas personas has hecho sonreír y sí aún estás para ellas.

“Nothing's change but the surrounding bullshit, that has grown...”
Off he goes representó uno de esos momentos más tristes e inverosímiles que Pearl Jam me ha dado. Ese día, despidiéndome (una vez más) de esa persona amada abrazándola, llorando y preguntándome cuándo volvería a verla mientras esperaba  en el andén. Y de pronto Vedder se deja escuchar en el sonido de la estación del metro Allende, contando hasta dos. Ha sido de los momentos más fuertes por los que he atravesado. El sentimiento de la canción se cumplió cabalmente.

“I'm so happy with my righteous self...”
Habit puede que rompa con la vibra, pero creo que justo es ese el propósito. Es la angustia y desesperación modelo 1996. Atrás han quedado los Black y los Garden. Somos hijos de los noventas y hablamos como tales. Mientras luchamos no convertirnos en el hábito de alguien más.

"If I had known then what I now know...”
Red Mosquito es una de tantas bellezas poco comprendidas dentro de un álbum que es, en sí, una belleza poco comprendida. Si bien está inspirada en una enfermedad, nos recuerda que el diablo nos espera en todos lados. Parecería que es un intento por darle significado a todo lo malo que nos sucede, no con la intención de ser mejores, a la manera cristiana, sino como el mero hecho de recordar que los errores se pagan. Si tan sólo supiéramos antes lo que ahora sabemos.

“The last I heard that freak was purchasing a fucking gun”
Lukin sigue permaneciendo indescifrable ahora como hace 17 años. Una historia rápida de ¿un asalto? ¿Acoso? Para mí siempre ha sido una forma de recordarnos que la realidad sigue allí. Que no podemos evadirnos por completo, ya que las cosas que pasan en el día a día siempre regresan, inexorables.

“Makes much more sense to live in the present tense...”
Present Tense fue el arca de salvación a la que me aferré en una de mis peores depresiones. Me hizo ver que lo único y más importante en nuestras vidas sin sentido es el presente. Es el cuestionarnos si vale la pena ponernos tristes por el pasado que ya no podemos remediar o enfrentar la realidad y salir adelante. Desde el día que la escuche y para siempre, tiene más sentido vivir en el presente. Una vez más, el final es de los mejores momentos de la banda. Escuchar cómo crece la música más y más hasta estallar e ir descendiendo.

“If it's just inadvertent, simulation, a pattern in all mankind”
Mankind podría parecer como la canción más prescindible del disco, sin embargo tiene su razón de ser. Simulación, falsedad, todo contenido en una canción con tintes pop. ¿Ironía? quizá. Lo que sí sabemos es que Stone no le gusta mucho cantarla y cada que debe hacerlo es una especie de castigo al parecer.

“He decides to dream... dream up a new self for himself”
I'm Open es la conclusión de la introspección. Es el resumen de todo el álbum. Revisar el pasado, analizarse en soledad, decidir dar el paso adelante y vivir en el presente y, a través de las experiencias pasadas, crecer. Hacerse un nuevo yo.

"Please forgive and let me share... with you around the bend"
Around the bend es el final. Y al final, ¿qué podemos hacer? Hemos dejado tantas cosas y hemos perdido tantos momentos con la gente que queremos que el resultado natural es correr con ellos y disfrutar su sola presencia. Es pedir perdón por no haber estado y pedir compartir todo de nuevo. Abrazar a esa persona, cuidarla y no pensar en nada más que en ella. 



martes, 13 de agosto de 2013

Años, Luz


Los años luz son una medida de distancia, no de tiempo.

Es la favorita de los simples mortales, como nosotros, para poder dárnosla de científicos y hablar de cosas que pasan más allá de nuestro ínfimo planeta. Lo definen como la distancia que recorre un rayo de luz en un año y, considerando que la velocidad de la luz es una cosa bastante rápida, dicha distancia es algo grandecita como para poder usarla en nuestra vida diaria.

Hagamos cuentas. Si la estrella más cercana a nosotros que no es el Sol, Próxima Centauri, se encuentra a un poco más de cuatro años luz de distancia y, si la velocidad de la luz es un poquito menos de 300 mil kilómetros por segundo; 4 años luz resulta en una horrenda cifra de 15 dígitos que nadie en su sano juicio querría utilizar. Por eso nos quedamos con los años luz.

Quizá la gente se deja llevar por el asunto de los años para pensar que se habla de tiempo. Pero no. La verdadera cuestión es la distancia, no el tiempo. Einstein ya nos había enseñado que el tiempo es una cosa relativa y que depende exclusivamente de aquel que esté midiéndolo. Quizá uno podría hacer un poco de trampa con esto y decir básicamente que el tiempo es lo de menos. Claro, es una mentira piadosa que nos hacemos para quitarnos de encima ese pequeño problema de que somos mortales pero, qué diablos, si somos capaces de hacer algo tan atroz como “matar el tiempo”, decirnos a nosotros mismos que el tiempo no importa es lo de menos.

El problema con los años, Luz, no es el tiempo. Creo que eso ya lo aprendimos sin necesidad de tanto rollo. El problema es la maldita distancia. Como quiera, la distancia es grande, pero nada que no pueda remediarse.





martes, 16 de julio de 2013

Pearl Jam, Una década

Al inicio existen tres momentos, quizá no tan claros pero, si ponen atención, son bastante reconocibles. El primero de todos es cuando se apagan las luces. El grito que se escucha en esos momentos es aplastante, es imposible no emocionarse. Recuerdo haberme quedado helado, había esperado tanto ese instante que no supe cómo reaccionar, mi único instinto fue abrir la boca sin emitir ningún sonido y esperar. 

Segundo momento: Empiezan a salir, uno por uno. Saludan a la gente, toman sus instrumentos, los prueban. El grito, que en ese momento había sido constante vuelve a impulsarse cuando Eddie Vedder salta al escenario. Justo allí no puedo contenerme y grito. Grito como pocas veces recuerdo haberlo hecho. Después de 10 años de conocerlos, de escuchar sus discos y hacerlos parte fundamental de mi vida, allí estaban, en mi país, a punto de tocar.


Eso nos lleva al tercer momento: cuando comienzan a tocar. El grito baja un poco, pero sigue, constante. Yo no he parado de gritar y bajo un poco el volumen para distinguir cual canción pasará a la historia como la primera del primer concierto de Pearl Jam en México. Recuerdo haberme dicho a mí mismo "Y así es como empieza" cuando reconozco los primeros acordes de "Of the girl". Quizá no es la mejor canción o mi favorita, pero esa fue la elegida. El grito llega a un punto culminante cuando Eddie comienza a cantar. Creo que todos sentimos un escalofrío recorriéndonos. A tal grado que, si bien la emoción y los gritos perduraron, la gente queda en un estado de éxtasis difícil de explicar. Pareciera que todos dudábamos. ¿Realmente está pasando? ¿Son ellos al fin? Creo que esa sensación duró hasta el final de la canción, porque los gritos que se escuchan al final no son, digamos, atronadores o emocionantes. Para mí, el concierto realmente comenzó en la segunda canción: "Go".

A partir de ese momento todo fue una fiesta, y creo que desde allí la banda se dio cuenta de lo que éramos capaces. Go, Once, Corduroy, Even Flow, Wishlist y sus encendedores mágicos, Betterman y Vedder callándose ante los coros de la gente, Do the Evolution, los gritos de la gente pidiendo Jeremy y que no fueron correspondidos, Lukin, Daughter y su WMA incluída, Hunger Strike, Black, el Alive más intenso que he escuchado, Rockin in the free world a luces encendidas y Yellow Ledbetter. Es imposible quedarse con un sólo momento. La noche fue tan redonda y tan impactante que no pude hablar durante días.

Han pasado diez años de ese concierto épico. Han pasado tantas cosas en esa década que es imposible resumir. Gente ha llegado y se ha ido de mi vida; he sufrido, he reído, he viajado. Obvio me he hecho más viejo. Pero hay algo que cambió en ese 17 de julio de 2003 que a la fecha no ha pasado: vi a mi banda favorita entregarse como pocas veces ante un público expectante y sobre todo, en su gran mayoría, conocedor. Esa combinación fue la que convirtió esos tres conciertos en general pero esa primera fecha en particular en algo único. Ni siquiera sus visitas siguientes en 2005 y 2011 superarán esa emoción y volverán a reunir todas esas condiciones.

México, 17 de julio de 2003. Es a la fecha el mejor concierto al que he ido y una de las experiencias más grandes de mi vida y, ahora que cumple diez años, es difícil no añorar un poco esos momentos. En estos días estaré poniendo una y otra vez las grabaciones de esos días y lo compartiré con amigos entrañables que también vivieron lo mismo. Lo que quizá jamás podré volver a sentir es esa emoción de los tres momentos del inicio del concierto. Haber vivido eso aún me pone chinita la piel.


martes, 14 de mayo de 2013

Temporada de lluvia


Días así siempre predisponen a pensar. Quizá eso es lo que me desespera: las ganas de no pensar, más bien, de sentir.

A veces me gustaría tener a alguien acompañándome en esta temporada. Alguien que pudiera escuchar este discurso, siempre repetitivo, acerca de estos días y del porqué no quiero pensar. Alguien que me diga que quiere estar conmigo y sobre todo, sentir estos días.

Sentir la temporada que comienza me causa una alegría difícil de describir. Es tan difícil y contradictoria que la tristeza a veces le hace competencia. Y se hace más desagradable cuando recuerdo las tardes pasadas junto a ella.

¿A quién diablos engaño? Sí, me gusta recordarlo. Sí, quisiera tenerte aquí a mi lado,  caminando de la mano enfundados en nuestros abrigos, como un par de cuervos recorriendo algún cementerio. Y obvio, todo bajo esta lluvia incesante y fina que limpia nuestra ciudad de gente y suciedad. Es un recuerdo que alegra mis malos ratos y que, de golpe, provoca que se olviden los momentos desastrosos. A veces, hasta pienso que no sería tan malo volver a esos días, a pesar de que esa no sea buena idea.

A veces quisiera no tener que tomar el café solo. Sí, puedo llegar a envidiar un poco a las parejas que hablan y se besan, cogen y caminan mientras la lluvia los acompaña. Es lo único que les puedo llegar a envidiar. Quizá me he vuelto demasiado exigente y no quisiera a cualquier persona en esos momentos, o quizá sea que ya quedé algo descompuesto para eso de andar en par. Quizá (y eso sería más grave) mis recuerdos siguen muy anegados en épocas pasadas. Hace mucho que cosas así no me pasan, y eso es razón de más para envidiar y rememorar.

Alguien decía que no puede llover todo el tiempo. Debería ser así. Quizá entre tanto vagar y divagar te encuentro. A ti o a alguien que disfrute de estas cosas. No toda la vida estará el clima así, y, aunque siempre lo he disfrutado solo, de pronto es trágico no estar con quien aprovecharlo.

martes, 30 de abril de 2013

Vedder

Es increíble. Escucho su voz y, a pesar del estremecimiento que siento, es una voz tremendamente familiar. Es la voz de alguien que me ha acompañado durante buena parte de mi vida, a pesar de que él jamás me haya conocido y a pesar de que ésta sea la primera vez en nuestras vidas que compartimos el mismo espacio. O al menos un espacio tan cercano.

Nos piden a todos que nos sentemos y yo, como si fuera autómata obedezco, pero mi vista no puede apartarse de él. Es una persona pequeña, más incluso de lo que pensé. Pero es él, cabello largo, barbado, cerveza corona en una mano y cigarro en la otra. Habla un poco cohibido, algo nervioso pero siempre dominando su entorno.

Es curioso cómo cuando él se apareció se calmaron de pronto todos los ánimos. Sí, la gente estaba ansiosa por hablarle y por tocarlo. Por decirle tantas cosas, por tomarse una foto con él, pero su llegada fue tan intempestiva que bastó con que él saludara por primera vez para que la gente entrara en un estado de shock difícil de describir.

Habla, saluda a algunos, y yo, pensando en sí tendré el valor suficiente de hacer lo propio, que por unos instantes centre su atención en mí. Se va acercando a la zona donde estamos y mis nervios crecen. Apenas unos momentos antes pensaba y repasaba en mi muy precario inglés lo que le diría. Es un tema que he platicado con muchas personas tantas veces y ahora que se hace realidad de repente las palabras se esfuman. ¿Tú que le dirías? Sí estuvieras frente a él, ¿qué le dirías? El discurso parece fácil, creo que lo primero sería darle las gracias por todo lo que nos ha dado con su música, que ha sido ejemplo y modelo a seguir, una infinidad de temas se aparecen. El problema es que ahora estoy prácticamente frente a él y todo lo que pensé desaparece.



Es el momento, está frente a ti. Por alguna extraña razón o por el destino que así lo quiso se crea un momento de silencio, unos segundos quizá. Estamos frente a frente, sólo unos metros me separan del ídolo de mi adolescencia, de la persona que en buena medida me ha hecho como soy. Parece que todo fue armado para tener esta oportunidad. Sin pensar si quiera lo que estaba haciendo levanto la mano, le hablo por su nombre y el voltea hacia mí. Nuestros ojos se encuentran. Es cierto, es increíble de creer pero de verdad sucede. En esos segundos que parecen horas, Eddie Vedder está parado justo frente a mí, viéndome atento, esperando que le dirija la palabra.

¿Alguien ha estado en una situación similar? Si es así, ¿cuál es la reacción que uno tiene? Sencillamente tartamudee al inicio. Todo lo que pensaba decirle se olvidó. Lo primero que atiné a decirle fue que venía desde muy lejos y le pregunté cuando iría a nuestro país a visitarnos. Y me respondió. Lacónico como él sólo, su respuesta fue un “soon” que me ha dado cierta esperanza desde ese día a que regresen. La mejor parte vendría después. Aún no sé muy bien como lo hice, pero intento contarle la aventura fallida de ese viaje a San Antonio. En mi inglés le cuento como Pedro y yo manejamos cientos de kilómetros desde México para asistir a su concierto, cómo no llegamos y, al final, le muestro la playera del concierto. El dice algunas palabras que no alcanzo a comprender (es Vedder y su forma de hablar no es la más inteligible), sólo alcanzo a entender que remata con un “amazing”. Allí las cosas se vuelven un poco más nebulosas, porque justo cuando se acerca a donde estoy yo varias jovencitas lo interceptan, lo saludan y se crea un poco de caos arriba de mi.

Después pasan las cosas muy rápido. Nos canta con ukulele, nos tomamos un par de fotos en grupo con él, pero aún me faltaba algo. Justo cuando está despidiéndose de la gente se acerca a donde estoy yo y me extiende la mano. Antes de que vuelva a pasar lo que pasó hace unos momentos me apresuro a darle la mano y nos quedamos lo que quizá en la realidad fueron unos instantes pero para mí fue eterno. Mirándolo a los ojos, estrechando su mano con las mías y antes de que se rompa el momento le alcanzo a decir un torpe “gracias” en español que él creo (o al menos espero) entendió porque asiente levemente con la cabeza y se aleja a saludar al resto de la gente.



Se va. Yo me quedo justo donde estaba después de saludarlo, sin moverme un centímetro. Apenas si alcanzo a entender que pasó. Estoy entre confundido y nervioso. Alcanzo a sentir el temblor de mis brazos y percibo la confusión que hay a mi alrededor. Justo en ese momento me doy cuenta que a mi lado hay una niña de unos 15 años sollozando. Justo en ese momento nos vemos y sin más nos abrazamos. Puedo comprender su sentimiento, a pesar de que jamás nos hemos visto. Después de eso puedo sentir las lágrimas saliendo lentamente de mis ojos, mirando hacia dónde él se fue.

Si, acaba de pasar todo Javier, acabas de conocer a Eddie Vedder.