lunes, 23 de diciembre de 2013

Vedder y Yo



Anoche, platicando con Luz, salió el tema de que hoy sería el cumpleaños 49 de Eddie Vedder y cómo él ha estado presente en dos de los eventos más remarcables de mi 2013. Y curiosamente estos dos eventos han sido tan diametralmente opuestos que es difícil de creer que la misma persona los ha protagonizado y que yo he sido participante en ellos.

La anécdota de Argentina ya la había platicado. De hecho hay un post en este su humilde blog al respecto. Hasta ahora y creo que para siempre, cada que recuerde ese día me surgirá una sonrisa del tamaño del mundo, ya que no lo sólo vi, sino que pude hablar y estrechar la mano del que es mi ídolo de la adolescencia. Es algo que siempre me pondrá de mejor humor en esos momentos difíciles.

Momentos felices en Argentina
Tan sólo ocho meses después, en Los Angeles, me tocaría vivir un momento con Eddie Vedder un poco distinto al de Argentina. 


Creo que ya también muchos saben la historia. Durante el segundo concierto de Pearl Jam en Los Angeles, mientras interpretaban Sirens, algo raro pasó con la guitarra de Eddie que hizo que sonara casi tan desafinada como cuando yo tocaba la guitarra (lo que ya es decir mucho). La reacción de Vedder fue la que nos dejó algo perplejos, ya que hizo una rabieta digna de niño malcriado, aventando la guitarra al piso y dejando mal parado al roadie que en ese momento intentaba ayudar con el problema.


La cosa creció tanto que ese roadie renunció al día siguiente y en las redes sociales se armó un pequeño relajo por el tema de que sí Eddie tenía razón, que sí fue un grandísimo hijo de puta, y así todas las opiniones que pueda uno imaginarse entre esos dos extremos. La cosa no tendría nada de particular para mí, de no ser por ese video que yo grabé.


Y es que, para el segundo show de Los Angeles, yo llevaba la firme intención de tomar fotos y de grabarle Sirens a la misma Luz del inicio de la plática (lo cual cierra el círculo). Fue tanta mi suerte (si se me permite llamarle así) que Vedder hizo su berrinche justo en el momento en que yo lo estaba grabando, dejando una evidencia bastante clara del momento. Tan clara que ese video es el que todos usan para mostrarle a la gente el incidente y que hasta el momento en el que estoy escribiendo ya lleva 35191 visitas. No muchas para el mundo de youtube, pero son demasiadas si consideran la intención original.

Momentos difíciles en Los Angeles
Creo que las conclusiones que Luz y yo sacamos al final son bastante correctas. Cierto, Eddie se portó en Los Angeles como un maldito mamón, pero también en Argentina se portó de una forma tan increíble como pocos famosos pueden hacer. Así como tiene detalles agradables, hace groserías detestables. Como cualquiera de nosotros.


Hoy cumple 49 años y me ha tocado vivir dos momentos raros relacionados con él en este mismo año. En vez de juzgarlo, al final uno refuerza la idea que Eddie Vedder es un ser humano como cualquiera, sin divinizarlo o repudiarlo. Me regaló dos momentos en los que he estado involucrado, uno directamente y otro no tanto, pero que en cierta forma me ha dado algo que contarle a mis nietos. O a ustedes, si no tenían nada mejor que hacer que leerme.


miércoles, 20 de noviembre de 2013

1096 días y contando


Cada que se cumplen años, es inevitable caer en la tentación de mirar hacia atrás y ver las cosas que has construido o contemplar las ruinas que has dejado a tu paso. 365/366 días de tu vida han pasado la dualidad de hacer/no hacer, moverse/quedarse quieto, armar/destruir, todo en aras de hacer que este pedacito de vida que se te fue concedido sea algo digno de haberse vivido.

Igual que mi vida, mi vista ha ido cambiando en estos tres años
En 1096 días de mi vida he intentado plasmar todo esto a través de la escritura. No ha sido nada fácil, considerando que casi nunca me había atrevido a enseñarle a la gente lo que escribía. Mis letras siempre las consideré o demasiado azotadas o demasiado personales como para que alguien allá afuera las leyera. Sin embargo, cuando tras casi una década de tener pareja me enfrenté al hecho de estar solo y destruido interiormente, supe que debía buscar la manera de desahogar la presión que se venía acumulando en mí. Y la verdad que escribir así, sin importar si alguien me leyera y quién me leyera, ha sido de las terapias que más me han servido.

Y creo que también en la vida de este blog se ha visto reflejado mis estados de ánimo. Hubo un periodo durante el año pasado en el que escribí mucho, para después casi desaparecer, y de nuevo volver a intentar escribir. Todo ha sido reflejo de mis traumas, de mis frustraciones, de mis momentos de paz o de mis momentos de estrés.

Pero creo que al final, lo que me ha ayudado más a seguir con esto ha sido, curiosamente, que efectivamente hay gente que me lee. Más allá de mi círculo de amigos, a los cuales les agradezco infinitamente su paciencia para leerme, ha habido gente anónima que por alguna razón ha llegado a mi blog y lo ha leído. Hace unos meses recibí un correo de alguien que no conozco, pero que me ha servido mucho para darme cuenta de que puedo compartir o llegar a los sentimientos de alguien más. Ese correo me ayudó a darme cuenta que no soy alguien que no merezca ser feliz, a pesar de todas las malas decisiones o el daño que haya podido causar. Si ser feliz se tratara de merecimientos, nadie sería feliz. Y ahora ese es mi estado actual, quería una enésima oportunidad para intentar ser feliz y, sin merecerla o no, la tengo.

Este blog cumple tres años. Es increíble que haya llegado a 3 años y a 105 publicaciones, al menos no es algo que pensara que sucedería cuando escribí mi primer entrada. Estos 3 años han sido de lo más alocado, divertido, triste, fuerte y contrastante que he tenido en mis 36. Y los he vivido lo más intensamente que he podido. A pesar de sus días malos y sus caídas, he disfrutado mucho vivirlos y también compartir tanto lo que estoy sintiendo como algunos de mis recuerdos del pasado.

Tres años después, no me queda más que agradecer a todos los que alguna vez han caído por aquí. Gracias, seguiré escribiendo y sobre todo, viviendo.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Live at the BBC


Antier, 12 de noviembre, en un atentado más en contra de mi bolsillo, fue lanzado a la venta el volumen dos de la colección de grabaciones de The Beatles hechas para la BBC de Londres. El sólo hecho de ser un disco nuevo de los Beatles ya provoca que tengan toda mi atención, pero además sumen el hecho de que este disco, el primer volumen, tiene un significado muy particular para mí. Si no les aburro mucho, dejen les cuento.




The Beatles, Live at the BBC fue publicado a finales de noviembre de 1994, y yo para ese entonces tenía repartido mi amor entre varias bandas, aunque los Beatles aún tenían su lugar privilegiado gracias a ser la primera banda que me atrapó y que de hecho me llevó a las filas del rock.


Mis recuerdos de esa época son más bien nostálgicos. Para la fecha en la que salió la recopilación, no se había lanzado ningún material relacionado con The Beatles. Fuera de la reedición de la discografía en 1988, cuando se relanzó en CD, no había pasado gran cosa con ellos. Live at the BBC fue el primer material nuevo del grupo en 8 años. Y para su seguro servidor, fue el primer disco “nuevo” que tuve de ellos.


Digo “tuve” y no “compré” porque fue un regalo de navidad de parte de mis padres. Y lo destaco porque, como ya les conté en alguna entrada pasada, mis padres se distinguen por ser las personas que peores regalos me han dado en mi vida. Quizá no deba sorprenderme tanto, porque desde que supe que saldría a la venta (vía “El club de los Beatles”, transmitido por Universal Stereo) estuve dando lata durante un buen rato para que alguien de mi familia se dignara regalármelo, algo que no acostumbro hacer, por cierto.


Creo que por intercesión de una de mis hermanas (fan de los Beatles también), mis padres terminaron regalándome ese casete. Si, casete, aún el CD era una cosa extraña que no se veía mucho por mis rumbos y, por culpa de ese temor a las nuevas tecnologías, aún no tenía cabida en casa (pasaron unos años más todavía para poder tener un reproductor de CD). Mi fuente de música, aparte de mi walkman amarillo, era un enorme y pesadísimo estereo de esos que la carcasa estaba completamente hecha de metal, con perillas y controles metálicos también, un par de bocinas escandalosas y enormes (¡cómo amaba poner Blood de Pearl Jam en esas bocinas!), y una dificultad de nacimiento para sintonizar cualquier estación de radio. En ese armatoste reproduje por vez primera mi casete, sin importarme mucho que fueran las 8 am del 25 de diciembre y que todo mundo estaba crudo/dormido.

Siempre me ha causado gracia esta imagen.
Si en estas épocas de Photoshop hay ediciones mal hechas, imagínense hace 20 años.
Fíjense cómo atrás de Ringo está ni más ni menos que una cabeza borrosa de … Ringo Starr
Me acuerdo mucho cómo me sorprendió lo que estaba escuchando. Ya para esas alturas me sabía al derecho y al revés toda la discografía, ya le había comenzado a entrar a las versiones alternas y tomas raras. Sabía que durante esa época previa a la Beatlemanía ellos tenían un amplio repertorio de covers a sus ídolos del rock and roll, además de lados B y cosas bastante extrañas. Escucharlas en ese disco fue una revelación bastante curiosa, además con el plus de que las versiones de todo el disco son grabaciones en vivo, a veces con público, de todas esas canciones. 


Siempre me ha encantado ese disco, empezando por su forma. Recuerdo tenerlo en mis manos y adorar la cajita de cartón en dónde venía, el librito con fotos y explicaciones de las canciones. Creo que desde allí me hice fan del arte de los discos. Además me encantaba esa portada en sepia con los cuatro grandes muy seriecitos, contrastando con el logo de The Beatles en blanco. Me gustó todavía más cuando pude conseguirlo en vinil y apreciar más a detalle todo el arte. Creo que es de los pocos discos que tengo en tres formatos, CD, Vinil y Casete.


Además de ser un púber emocionado por tener algo nuevo de sus ídolos, también allí conocí y entendí mucho del porque The Beatles llegaron a ser el grupo que son. Se puede notar el entusiasmo de la banda al tocar, la alegría de interpretar la música que más les gustaba y, sobre todo, la tremenda fuerza que ya en ese entonces tenían como grupo. Escuchas las intervenciones al aire, las entrevistas, las bromas que se hacían unos a otros, el dominio del escenario. Todo te deja en claro que estaban listos para lo que fuera.


Cierto, mi pretexto para traer ese recuerdo de hace casi 20 años fue el lanzamiento del nuevo disco. Pero también me hizo recordar lo mucho que amo a los Beatles. Después del Live at the BBC vinieron las antologías, que realmente dispararon mi Beatlemania lo suficiente como para mantenerla viva dos décadas (y contando) más. Seguramente para cuando usted lea esto ya me habré gastado mi dinero en el disco nuevo y, como plus, sabrá que también haré algo que siempre soñé: hacer un programa de radio acerca de ellos. Esta es sólo una pequeña anécdota mía de muchas que me han pasado junto a esos cuatro tipos, responsables de transformar mi forma de ver la vida y de guiarme musicalmente hasta lo que soy ahora.


Tan simple como decirles: “Try to see it my way”



jueves, 3 de octubre de 2013

Los billetes rotos de la República Argentina


Muy rotos.
No sé muy bien si era porque estaba muy sensible (la noche anterior estaba muriéndome en mi propio vómito gracias a la comida del avión), o porque, en mi papel de observador, lo encontré como un detalle sumamente divertido, pero de verdad que me sorprendió escuchar a mis argentinos compañeros de vuelo aplaudir cuando el avión aterrizó. Vamos, no es que haya sido el aterrizaje más complicado de la historia (a mi me pareció bastante normalito) ni que hubieran sido todos niños emocionados que asistían a su primer vuelo, pero debo decir que sí me dejó un tanto confundido el notar que señoras, señores, viejitos y jóvenes por igual le dedicaban al piloto y copiloto una senda carretada de aplausos por cumplir con su labor. Bienvenido a la Argentina, me dije.

¿Con este calor? Con razón no vendes nada, che.
Y si ese detalle quizá pueda parecerles insignificante, querido lector, la verdad fue justamente el inicio del enfrentamiento que yo, como nacido en la muy noble Ciudad de México, tuvo con la cultura Argentina y, en particular, con la muy curiosa forma de ser del porteño bonaerense. La cuestión de los aplausos ni por asomo fue un hecho aislado: minutos más tarde, cuando nos enfrentábamos a una fila interminable que separaba nuestra libertad con el paso aduanal, una vez más, todos los argentinos presentes comenzaron a presionar a los trabajadores a base de estrellar sus palmas. Y esa forma de ser se repetiría en peleas entre automóviles, mientras veían la televisión, cuando tomaban mate sentados en alguna banca, en partidos de futbol (obvio) y, como pude apreciar con más calma, en conciertos musicales de toda índole.

Cuando se ven este tipo de manifestaciones uno entiende varias cosas: en México y varias partes de Latinoamérica a los argentinos los persigue una fama de escandalosos y presumidos (mamones, diríamos por acá) y creo que todo tiene una razón de ser. Los buenos argentinos tienden a expresar lo que sienten de una forma muy explosiva, que no deja lugar a dudas. Y les gusta que la gente vea que están expresándose, al grado de que suelen ser muy desinhibidos a la hora de hablar y, sobre todo, de reclamar. Al fin pude entender el porqué de los cacerolazos o por qué jamás dejan de cantar y armar desmadre en un estadio. También, en defensa de la República Argentina, debo decir que no son los que viven allá los mamones, creo que por lo general son los argentinos que salen del país los que le dan su mala fama.

Dulces sueños.
Buenos Aires es una ciudad que expresa a la perfección la forma de ser del bonaerense. A diferencia de nosotros, que vivimos (a la buena o a la mala) muy atados a nuestro doble pasado indígena/español, los argentinos viven la vida como si ellos no hubieran tenido ese trauma de infancia que fue la conquista y eso les quita bastantes inhibiciones. Además, viven con la impresión que son más europeos que americanos. La verdad no los culpo, el hecho de estar tan hasta abajo en el mapa los ha hecho tratar de expandir sus horizontes de alguna manera y eso se nota en sus calles y en su arquitectura. Sus edificios, principalmente los del centro, tienen un estilo propio que realmente te hace viajar en el tiempo. No muy altos, pero si lo suficientemente grandes para sentir la sombra a los dos lados de las calles estrechas y adoquinadas.

Caminar por Buenos Aires es una experiencia que me gustó. La ciudad no es tan grande, así que uno puede invertir todo el día para vagar sin rumbo y ver qué se encuentra. Caminar por Corrientes, o por la Avenida de Mayo, por 9 de Julio y sentarse a descansar viendo el Obelisco, o caminar por Costanera y dejarse llevar por el olor del choripán. Ver las famosas casas multicolores de la Boca y escuchar los tangos al fondo mientras se veo las increíbles cosas que se venden en San Telmo. Tomar fotos y recordar todos los pasajes literarios que la ciudad tiene. Por todos lados uno se acuerda de Borges, de Cortazar, de Sábato, de todos aquellos argentinos que han escrito sobre su ciudad. De pronto estar en la plaza San Martín y recordar alguna cosa que pasó por allí. O quedar encantado con los gatos del cementerio de la Recoleta y admirando sus tumbas, tratando de evitar a toda costa a los fanáticos de Evita.

Árbol/Estatua en San Martín
Uno también no puede dejar las mañas adquiridas y entrar a cada librería o museo que uno se encuentre. Mención especial merece El ateneo Grand Splendid, ese viejo teatro convertido en librería que tiene además la muy sana costumbre de cerrar hasta la medianoche (de madrugada en eventos especiales). Quizá mi trauma más grande fue que las grandes librerías de antiguo estaban cerradas por culpa de los días de asueto, pero aun así pude aumentar mi colección con varias cosas traídas desde allá. 

Casual
Buenos Aires es de esos lugares que uno necesita visitar más de una vez. No sé si regrese algún día, pero me encantaría responder un par de inquietudes que me quedaron. Mi aventura por allá casi termina en tragedia (me confundí de aeropuerto y tuve que recorrer de lado a lado la ciudad para alcanzar el avión) pero me llevo bastantes recuerdos y memorias agradables. Y sí, jamás dejará de intrigarme por qué los argentinos usan billetes tan remendados y rotos que parece que de un soplo terminarán por deshacerse. Eso sí no lo entiendo, ¡che!

jueves, 12 de septiembre de 2013

Recapitulando

La bitácora de vida quedo silenciada desde hace mucho. Y eso que hubo un viaje bastante largo e intenso a Sudamérica, un par de visitas a Puebla y otros lugares que se me escapan.

Quizá tenga la culpa un poco la bola de sentimientos que han cruzado por mí desde meses atrás. Hay algunas marcas que se niegan a desaparecer del todo, otras que me afectaron muy fuertemente. Pero dentro de todo ese paquete también hay alegrías, y muy grandes. Algunas han sido efímeras pero lo suficientemente grandes para permitirme salir adelante.

Estoy en lo que en inglés le llaman writer’s block. Es cierto, no he podido escribir y lo poco que he escrito me ha costado un poco de trabajo. Pero creo que es consecuencia de algo más profundo. Podría decir que estoy en una especie de bloqueo de vida.

Tengo planes, tengo esperanzas, tengo suficientes porqués para salir adelante. El problema no es ni el futuro, y afortunadamente, ni el pasado. Creo que el problema es el presente.

Tengo muchas razones por las cuales me gustaría acortar tanto tiempo y distancias. Llegar a un punto donde nuevamente puedan coincidir ambas cosas. Pero esas dos medidas están algo alejadas por ahora. Eso es quizá lo que hace de mi presente una situación algo desesperante. El tiempo avanza lento y la vida no se ha encargado de ponerme nuevas cosas por delante en estos momentos.

Cierto, hay aun algunos viajes en lo que resta del año y principalmente el segundo viaje a Los Ángeles en lo que va del año para ver a Pearl Jam. Pero si me preguntan, justo en este momento, estoy un tanto cuanto triste y desolado.

Espero pronto cambie y pueda darle vuelta a la página. Pero, por el momento, sigo un tanto cuanto atorado y tanto mi vida como mi escritura está en un momento de revolución del cual no sé muy bien cómo sacármelo de encima.

Como el final de esta canción, vaya.