martes, 16 de julio de 2013

Pearl Jam, Una década

Al inicio existen tres momentos, quizá no tan claros pero, si ponen atención, son bastante reconocibles. El primero de todos es cuando se apagan las luces. El grito que se escucha en esos momentos es aplastante, es imposible no emocionarse. Recuerdo haberme quedado helado, había esperado tanto ese instante que no supe cómo reaccionar, mi único instinto fue abrir la boca sin emitir ningún sonido y esperar. 

Segundo momento: Empiezan a salir, uno por uno. Saludan a la gente, toman sus instrumentos, los prueban. El grito, que en ese momento había sido constante vuelve a impulsarse cuando Eddie Vedder salta al escenario. Justo allí no puedo contenerme y grito. Grito como pocas veces recuerdo haberlo hecho. Después de 10 años de conocerlos, de escuchar sus discos y hacerlos parte fundamental de mi vida, allí estaban, en mi país, a punto de tocar.


Eso nos lleva al tercer momento: cuando comienzan a tocar. El grito baja un poco, pero sigue, constante. Yo no he parado de gritar y bajo un poco el volumen para distinguir cual canción pasará a la historia como la primera del primer concierto de Pearl Jam en México. Recuerdo haberme dicho a mí mismo "Y así es como empieza" cuando reconozco los primeros acordes de "Of the girl". Quizá no es la mejor canción o mi favorita, pero esa fue la elegida. El grito llega a un punto culminante cuando Eddie comienza a cantar. Creo que todos sentimos un escalofrío recorriéndonos. A tal grado que, si bien la emoción y los gritos perduraron, la gente queda en un estado de éxtasis difícil de explicar. Pareciera que todos dudábamos. ¿Realmente está pasando? ¿Son ellos al fin? Creo que esa sensación duró hasta el final de la canción, porque los gritos que se escuchan al final no son, digamos, atronadores o emocionantes. Para mí, el concierto realmente comenzó en la segunda canción: "Go".

A partir de ese momento todo fue una fiesta, y creo que desde allí la banda se dio cuenta de lo que éramos capaces. Go, Once, Corduroy, Even Flow, Wishlist y sus encendedores mágicos, Betterman y Vedder callándose ante los coros de la gente, Do the Evolution, los gritos de la gente pidiendo Jeremy y que no fueron correspondidos, Lukin, Daughter y su WMA incluída, Hunger Strike, Black, el Alive más intenso que he escuchado, Rockin in the free world a luces encendidas y Yellow Ledbetter. Es imposible quedarse con un sólo momento. La noche fue tan redonda y tan impactante que no pude hablar durante días.

Han pasado diez años de ese concierto épico. Han pasado tantas cosas en esa década que es imposible resumir. Gente ha llegado y se ha ido de mi vida; he sufrido, he reído, he viajado. Obvio me he hecho más viejo. Pero hay algo que cambió en ese 17 de julio de 2003 que a la fecha no ha pasado: vi a mi banda favorita entregarse como pocas veces ante un público expectante y sobre todo, en su gran mayoría, conocedor. Esa combinación fue la que convirtió esos tres conciertos en general pero esa primera fecha en particular en algo único. Ni siquiera sus visitas siguientes en 2005 y 2011 superarán esa emoción y volverán a reunir todas esas condiciones.

México, 17 de julio de 2003. Es a la fecha el mejor concierto al que he ido y una de las experiencias más grandes de mi vida y, ahora que cumple diez años, es difícil no añorar un poco esos momentos. En estos días estaré poniendo una y otra vez las grabaciones de esos días y lo compartiré con amigos entrañables que también vivieron lo mismo. Lo que quizá jamás podré volver a sentir es esa emoción de los tres momentos del inicio del concierto. Haber vivido eso aún me pone chinita la piel.


martes, 14 de mayo de 2013

Temporada de lluvia


Días así siempre predisponen a pensar. Quizá eso es lo que me desespera: las ganas de no pensar, más bien, de sentir.

A veces me gustaría tener a alguien acompañándome en esta temporada. Alguien que pudiera escuchar este discurso, siempre repetitivo, acerca de estos días y del porqué no quiero pensar. Alguien que me diga que quiere estar conmigo y sobre todo, sentir estos días.

Sentir la temporada que comienza me causa una alegría difícil de describir. Es tan difícil y contradictoria que la tristeza a veces le hace competencia. Y se hace más desagradable cuando recuerdo las tardes pasadas junto a ella.

¿A quién diablos engaño? Sí, me gusta recordarlo. Sí, quisiera tenerte aquí a mi lado,  caminando de la mano enfundados en nuestros abrigos, como un par de cuervos recorriendo algún cementerio. Y obvio, todo bajo esta lluvia incesante y fina que limpia nuestra ciudad de gente y suciedad. Es un recuerdo que alegra mis malos ratos y que, de golpe, provoca que se olviden los momentos desastrosos. A veces, hasta pienso que no sería tan malo volver a esos días, a pesar de que esa no sea buena idea.

A veces quisiera no tener que tomar el café solo. Sí, puedo llegar a envidiar un poco a las parejas que hablan y se besan, cogen y caminan mientras la lluvia los acompaña. Es lo único que les puedo llegar a envidiar. Quizá me he vuelto demasiado exigente y no quisiera a cualquier persona en esos momentos, o quizá sea que ya quedé algo descompuesto para eso de andar en par. Quizá (y eso sería más grave) mis recuerdos siguen muy anegados en épocas pasadas. Hace mucho que cosas así no me pasan, y eso es razón de más para envidiar y rememorar.

Alguien decía que no puede llover todo el tiempo. Debería ser así. Quizá entre tanto vagar y divagar te encuentro. A ti o a alguien que disfrute de estas cosas. No toda la vida estará el clima así, y, aunque siempre lo he disfrutado solo, de pronto es trágico no estar con quien aprovecharlo.

martes, 30 de abril de 2013

Vedder

Es increíble. Escucho su voz y, a pesar del estremecimiento que siento, es una voz tremendamente familiar. Es la voz de alguien que me ha acompañado durante buena parte de mi vida, a pesar de que él jamás me haya conocido y a pesar de que ésta sea la primera vez en nuestras vidas que compartimos el mismo espacio. O al menos un espacio tan cercano.

Nos piden a todos que nos sentemos y yo, como si fuera autómata obedezco, pero mi vista no puede apartarse de él. Es una persona pequeña, más incluso de lo que pensé. Pero es él, cabello largo, barbado, cerveza corona en una mano y cigarro en la otra. Habla un poco cohibido, algo nervioso pero siempre dominando su entorno.

Es curioso cómo cuando él se apareció se calmaron de pronto todos los ánimos. Sí, la gente estaba ansiosa por hablarle y por tocarlo. Por decirle tantas cosas, por tomarse una foto con él, pero su llegada fue tan intempestiva que bastó con que él saludara por primera vez para que la gente entrara en un estado de shock difícil de describir.

Habla, saluda a algunos, y yo, pensando en sí tendré el valor suficiente de hacer lo propio, que por unos instantes centre su atención en mí. Se va acercando a la zona donde estamos y mis nervios crecen. Apenas unos momentos antes pensaba y repasaba en mi muy precario inglés lo que le diría. Es un tema que he platicado con muchas personas tantas veces y ahora que se hace realidad de repente las palabras se esfuman. ¿Tú que le dirías? Sí estuvieras frente a él, ¿qué le dirías? El discurso parece fácil, creo que lo primero sería darle las gracias por todo lo que nos ha dado con su música, que ha sido ejemplo y modelo a seguir, una infinidad de temas se aparecen. El problema es que ahora estoy prácticamente frente a él y todo lo que pensé desaparece.



Es el momento, está frente a ti. Por alguna extraña razón o por el destino que así lo quiso se crea un momento de silencio, unos segundos quizá. Estamos frente a frente, sólo unos metros me separan del ídolo de mi adolescencia, de la persona que en buena medida me ha hecho como soy. Parece que todo fue armado para tener esta oportunidad. Sin pensar si quiera lo que estaba haciendo levanto la mano, le hablo por su nombre y el voltea hacia mí. Nuestros ojos se encuentran. Es cierto, es increíble de creer pero de verdad sucede. En esos segundos que parecen horas, Eddie Vedder está parado justo frente a mí, viéndome atento, esperando que le dirija la palabra.

¿Alguien ha estado en una situación similar? Si es así, ¿cuál es la reacción que uno tiene? Sencillamente tartamudee al inicio. Todo lo que pensaba decirle se olvidó. Lo primero que atiné a decirle fue que venía desde muy lejos y le pregunté cuando iría a nuestro país a visitarnos. Y me respondió. Lacónico como él sólo, su respuesta fue un “soon” que me ha dado cierta esperanza desde ese día a que regresen. La mejor parte vendría después. Aún no sé muy bien como lo hice, pero intento contarle la aventura fallida de ese viaje a San Antonio. En mi inglés le cuento como Pedro y yo manejamos cientos de kilómetros desde México para asistir a su concierto, cómo no llegamos y, al final, le muestro la playera del concierto. El dice algunas palabras que no alcanzo a comprender (es Vedder y su forma de hablar no es la más inteligible), sólo alcanzo a entender que remata con un “amazing”. Allí las cosas se vuelven un poco más nebulosas, porque justo cuando se acerca a donde estoy yo varias jovencitas lo interceptan, lo saludan y se crea un poco de caos arriba de mi.

Después pasan las cosas muy rápido. Nos canta con ukulele, nos tomamos un par de fotos en grupo con él, pero aún me faltaba algo. Justo cuando está despidiéndose de la gente se acerca a donde estoy yo y me extiende la mano. Antes de que vuelva a pasar lo que pasó hace unos momentos me apresuro a darle la mano y nos quedamos lo que quizá en la realidad fueron unos instantes pero para mí fue eterno. Mirándolo a los ojos, estrechando su mano con las mías y antes de que se rompa el momento le alcanzo a decir un torpe “gracias” en español que él creo (o al menos espero) entendió porque asiente levemente con la cabeza y se aleja a saludar al resto de la gente.



Se va. Yo me quedo justo donde estaba después de saludarlo, sin moverme un centímetro. Apenas si alcanzo a entender que pasó. Estoy entre confundido y nervioso. Alcanzo a sentir el temblor de mis brazos y percibo la confusión que hay a mi alrededor. Justo en ese momento me doy cuenta que a mi lado hay una niña de unos 15 años sollozando. Justo en ese momento nos vemos y sin más nos abrazamos. Puedo comprender su sentimiento, a pesar de que jamás nos hemos visto. Después de eso puedo sentir las lágrimas saliendo lentamente de mis ojos, mirando hacia dónde él se fue.

Si, acaba de pasar todo Javier, acabas de conocer a Eddie Vedder.


lunes, 15 de abril de 2013

Sudamérica


Es extraño. Estoy de nuevo aquí, en mi lugar, con los problemas que dejé unas semanas atrás. La misma gente, con la rutina de encender la computadora, ponerme los audífonos y comenzar a pensar en resolver los problemas de mis usuarios a punta de tecladazos.

Ayer, después de que el cansancio me derrotara, cuando desperté de un largo sueño, al abrir los ojos me vino la idea de que si todo había sido un sueño. Podría parecer, ya que se parecía mucho a muchos de esos sueños que antes he tenido, me acorde de muchos detalles que había vivido y pensé que todo fue producto de mi imaginación. La vista apocalíptica de mi maleta y las cosas que había traído regadas por el piso me regresó a la realidad. Fue cierto, todo pasó.

Fueron dos semanas de locura y que pasaron muy rápido. Pasaron cosas que jamás imaginé que sucedieran, conocí gente, hice mucho, me divertí más. Pero al final de eso se tratan los viajes.

Pronto espero ir subiendo las experiencias de este viaje. Lo que si puedo adelantarles es que cumplió con el objetivo de todo viaje: aprender y conocer.

Hay que seguir.

viernes, 15 de marzo de 2013

Lovecraft



Lovecraft. Hablar de él es repetir tantas cosas que ya han sido dichas antes, y de mejor manera, que repetir nuevamente su historia, hechos y vida sería poco más que redundante. Mejor hablemos de lo que él ha hecho por mí.


Conocí al Maestro en la mejor época en la que se puede conocer a un autor como él: final de la adolescencia e inicios de la juventud. Mi mente aún era fértil y la imaginación muy activa. No quiere decir que haya dejado de tenerla, sólo que la vida aún no me había castigado lo suficiente como para dejar de creer en sueños.


De niño tuve dos problemas graves: pesadillas recurrentes y problemas de sonambulismo. Más de una vez les saqué buenos sustos a mis padres por verme en ese estado y, entre dormido y despierto, deambular por la casa diciendo las incoherencias que veía en mis sueños. Atención médica mediante pudieron remediar mi segundo problema pero el primero jamás se fue.


Mis pesadillas siempre han sido caóticas, terriblemente vívidas y continuas. Puedo despertar a media noche gritando y llorando, calmarme un poco, dormir de nuevo y proseguir mi sueño justo en donde me quedé. Afortunadamente conforme crecía mis pesadillas se fueron haciendo cada vez menos frecuentes, pero sí más reales y más pesadas. Las lecturas y las cosas que ve uno siempre afectan.


Casi siempre que tengo estos ataques, para evitar volver a sufrir ese dolor (incluso físico) de mis malos sueños, lo que hago es permanecer despierto. Escuchar música, leer algo y, en tiempos del internet, ponerme en línea. Desde allí empecé a adquirir esos hábitos nocturnos que tan difíciles son de evitar hoy en día, pero también, cosa importante, me predispusieron al gusto por el terror y lo macabro como forma de escape y para tratar de encontrar algo de explicación a mis malestares.


Lo primero que leí de él fue La llamada de Cthulhu, y lo leí de la forma más inverosímil. Neófito como era en esos entonces para todo, Abraham y yo empezábamos a incursionar en el terreno del juego de rol. Éramos unos adolescentes enamorados de los vampiros y demás monstruos de cajón y teníamos curiosidad por interpretar a un personaje de esos. Sellkyrck, de hecho, nació en esos primigenios intentos roleros/literarios y desde entonces el buen amigo me ha seguido acompañando desde entonces. Israel, nuestro director de juego, solía cargar varios libros de juego de rol y uno de ellos era justo La llamada de Cthulhu. Jamás olvidaré ese libro de portada azul con el gran Dios perfilándose entre las sombras atacando a los pobres marineros. El libro de hecho comenzaba con el relato que le daba nombre y allí fue donde lo descubrí.

El origen de todo
El efecto que tuvo en mi fue inmediato porque ese relato parecía sacado de una de mis peores pesadillas. Lo devoré, lo volví a leer, me compré ese libro del juego de rol. A partir de ese momento me obsesioné con él a tal grado que busqué en todos lados libros suyos en la biblioteca de la escuela (donde obvio no había nada), ahorraba cada peso para comprar un libro suyo. Allí fue donde conocí y amé las ediciones de Alianza Editorial, con sus portadas alucinantes y su lomo amarillo. Empecé a leer su vida y darme cuenta que el caballero de Providence compartía conmigo las pesadillas y los hábitos nocturnos, sólo que llevados a un grado de genialidad tal que me dejaba boquiabierto. El caballero decimonónico atrapado en un siglo que odiaba profundamente y anhelaba poder vivir en otra época, abandonado y señalado por todos, solitario hasta el final pero a pesar de todo buen amigo, inteligente y cultísimo. Amante de los libros, los gatos y los helados. Todo un ejemplo de vida para mí. De repente el buen HPL se convirtió en todo lo que yo aspiraba ser.


De sus relatos, creo que el mejor para mí y el que más disfruté fue “El caso de Charles Dexter Ward”. La forma en la que está contado es sencillamente magistral y, en parte, me inspiró a intentar escribir mis propias cosas. Sus relatos cortos no tienen sobra. “La llamada de Cthulhu”, “El color que cayó del cielo”, “La sombra sobre Insmouth”, “Dagón”, La saga de Randolph Carter y sus escapes oníricos, es imposible decidirse por uno. También si por algo soy cuentista (en ciernes, pero cuentista al fin) es por ver la manera magistral de cerrar una historia en pocas páginas.


Lovecraft es para mí la razón por la cual aprendí a vivir y aceptar como soy. Outsider como siempre he sido, vivía reclamando mi incapacidad de relacionarme con la gente y a veces renegaba de saber que nadie compartía mi forma de ser. Al conocer su vida, saber que muy pocas veces salió de casa de día, que muy pocas veces conoció gente pero que sin embargo se las arregló para casarse, tener amigos y escribir, me di cuenta que la vida solitaria no era mala, sino todo lo contrario. HPL me enseñó que una persona puede abrirse paso en la más absoluta soledad y que, no dependemos de la gente, más aún, uno escoge la gente con la que quiere estar, no por necesidad, sino por el gusto de compartir su torre de marfil.


Lovecraft murió hace 75 años. Murió prácticamente solo, sin nadie que reconociera su enorme talento ni su gran impacto en la literatura. Afortunadamente el tiempo no sólo le daría la razón sino que lo colocaría en el lugar que merece. Músicos han  compuesto melodías increíbles para él, escritores han creado y recreado historias alucinantes basadas en sus relatos, artistas de toda índole le han rendido tributo al gran Maestro.


Yo solo le puedo ofrecer esta humilde entrada perdida en mi blog. Sin embargo, es de todo corazón y dedicada al señor que me enseñó a aceptar las pesadillas y los sueños como un don y no como un castigo.

lunes, 25 de febrero de 2013

Paz

No se muy bien de qué hablar, pero es una de esas noches en que, en vez de estar durmiendo, estoy disfrutando la oscuridad de la recámara, la música en mis audífonos y sobre todo, la paz que te da el estar solo.

No esta mal la compañía, jamás rehusaré una buena plática, pero siempre que lo tenga, gozaré poder sentirme a mis anchas, sin ese invisible pero sensible límite que te impone estar con más gente. Si, soné como un vil ermitaño, y sí, sonaré patéticamente contradictorio pedir soledad, justo cuando hace poco intentaba volver a tener pareja.

No es una idea tan encontrada: es mi necesidad de volver sobre mi mismo, sin la ilusión de pretender arreglar algo mal en mi vida o consolarme por algo. No, es esa necesidad de paz. Necesidad de saber que todo esta bien conmigo y que no necesito de nadie para lograrlo. Es esa independencia espiritual y sentimental que sólo el silencio, roto quizá por la música, te puede dar.

No es que no quiera compañía. No es que la necesite. Sí, quiero y me encantaría tener un alguien conmigo, pero no como una necesidad, sino más bien para compartir todo esto. Y quien sabe, quizá para poder ofrecerle un mejor yo.